Cuando la vida de una maestra y la de sus alumnos se hacen una

Ser maestra no es sólo enseñar a leer, escribir, sumar, colorear, crear, compartir, resolver los conflictos… Es infinitamente mucho más.

El tiempo que niñas, niños y profe compartimos a lo largo de los 3 años de infantil, no es poco: unos 540 días que a 6 horas por día suponen 3.240 horas, 194.400 minutos, 11.664.000 segundos… y cada uno de esos instantes están cargados de significado, de aprendizajes, de complicidades, de risas, de lágrimas, de carcajadas, de frustraciones, de alegrías, de enfados, de dudas, de paciencia e impaciencia, de discusiones, de ilusiones, de sueños, de sentimientos, de emociones…

Compartiendo tiempo y experiencias, los unos aprendemos de los otros, complementamos nuestras vidas, modelamos nuestra forma de ser y hasta nuestra felicidad. La profe sabe todo de ellos y ellas saben prácticamente todo de la profe. Ya que les sacas unos cuantos años de experiencia en la vida, no hay nada mejor que compartir esas vivencias para que puedan aprender de ellas. Contarles, mostrarles, resolver sus dudas e incertidumbres, ayudarles a ser conscientes de lo que tienen y de lo que otros carecen, enseñarles a valorar y disfrutar de cada pequeña cosa o momento, despertar su interés y respeto por lo diferente para que abran sus mentes y sus corazones. Despertar esos pequeños aventureros que todos llevamos dentro, ayudarles a desplegar sus alas para que no dejen rincón del mundo sin conocer, un mundo que les está esperando con los brazos abiertos, un mundo dispuesto a hacerles las personas más ricas en todo lo que importa. Pero, para encontrar y abrir este tesoro, necesitarán conseguir un par de «cosas»: el mapa del esfuerzo y la llave del respeto. Y, durante esta etapa, lo aprenden paso a pasito.

Igual que tú les enseñas a encontrar éste y otros tesoros, ellos, de forma constante, ingenua y desinteresada, te ayudan a encontrar muchísimos más. El camino no siempre es fácil, pero siempre merece la pena. Con tanto compartido, las líneas de nuestras 29 vidas se difuminan, se acaban fundiendo y creando un vínculo que sólo un/a maestro/a puede entender. Ellos terminan siendo un «mini tú» y tú un «mini ellos». La vida es infinitamente más bonita con ellos y, el trabajo deja de ser una obligación para convertirse en un hobby. Todo es tan mágico, que quieres que se pare el tiempo y que se queden contigo para siempre. Pero eso además de imposible, sería egoísta pues les queda mucho por vivir y por aprender de otros profes ya que cada uno tiene un toque especial y valioso. Así que lo mejor que puedes hacer es disfrutar de ellos, darlo todo para que desarrollen lo mejor de sí mismo y prepararles en todos los ámbitos para disfrutar del resto de etapas educativas y de la vida.

Gracias equipo Kenia, gracias equipo Colombia.

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